Una empresa tiene que adaptarse a los cambios mientras permanezca operativa –esto es obvio y no es opcional– por ello, gestionar la innovación es vital para la organización. No podremos diferenciarnos de la competencia sin cambios que certifiquen que estamos a otro nivel, que tenemos algo distinto a ellos. Debemos mostrar que hemos conseguido algo que nos destaca de la masa de corporaciones que brindan el mismo servicio o producto. También es importante destacar, y esto muchas empresas lo saben, que los clientes buscan socios (partners/proveedores) con alta capacidad disruptiva, puesto que estos últimos poseen la capacidad de satisfacer –y potenciar– su necesidad de innovación.
Muchas organizaciones ya se han dado cuenta que los ambientes creativos
propician los cambios en forma de mejoras incrementales y radicales; ante ello
surgen algunas cuestiones: ¿Cómo propicio un ambiente creativo? ¿Cómo logro que
mis empleados dejen de ser precisamente eso mismo y se transformen en
colaboradores, impulsores y partícipes del cambio? ¿Estoy gestionando de manera
adecuada el talento? ¿Cuál es mi tasa de rotación de personal? ¿Como identifico y gestiono el talento? ¿Logro conciliar
las expectativas personales con las laborales? ¿Tengo claro el futuro de la
organización, el futuro del negocio que hoy me sostiene? ¿Llegan los estos
lineamientos –o estrategias– a toda la organización o, por el contrario, se quedan estancados
en el Olimpo, lugar donde –por más genialidad que exista– las ideas no llegan a
materializarse en planes tácticos?
Los negocios hoy en día se mueven a otra velocidad, los canales están muchos mas abiertos, la comunicación ya no es horizontal. Si puedes verlo y está en ello: en buena hora, va por el camino correcto. De lo contrario, si no ha percibido que el mercado ha cambiado, si esto te suena a novedad, tiene dos opciones: O utiliza el talento para potenciar su organización o su competencia lo hará, con las consecuencias que eso implica.
