En una de mis clases, uno de los chicos lanzó una pregunta interesante: ¿Es posible utilizar las herramientas digitales, como los smartphones personales, en la educación primaria, sin que sea aliciente para la distracción? A lo cual se formaron dos grupos "antagónicos".
Uno de ellos argumentaba que los alumnos de primaria se distraen fácilmente, no están adecuadamente motivados (a diferencia de los universitarios) y que el permitirles el acceso a estas herramientas disminuiría su atención y concentración.
Otro decía que hay que evaluar si el método utilizado los últimos 150 años seguía vigente hoy en día, y cuanto de ese conocimiento le servía a la persona en su trabajo, ya llegada a la adultez. Afirmaba que era necesario preparar a los educandos con las herramientas que usaran en su día a día, enseñarles a usarlas y permitirles ser creativos.
El debate duró unos minutos (tuvimos que proseguir la clase), pero llegando a casa me puse a reflexionar acerca de la importancia de una palabra que considero vital para la educción. Esa palabra es motivación.
La única manera de conseguir vincular estas realidades es comprender que si mantenemos el mismo sistema y solo cambiamos las "herramientas" por cosas mas modernas, estas perpetuando el mal método. Necesitamos cambiar la metodología de enseñanza, Y luego, con el interés captado, mostrar el amplio abanico de posibilidades. Dejar elegir, sí, pero derribando los prejuicios existentes, pues de lo contrario, no es una elección libre.
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