El caso Volkswagen ha suscitado un gran revuelo mediático. Hay quienes lo califican de el problema más grave sufrido por una compañía en toda la historia de la automoción. Y es que es bastante simple: cuando una empresa olvida que se debe a sus usuarios (clientes) y comienza a tratarlos como un simple factor más de una ecuación, cuando los dividendos son más importantes que cualquier otra cosa, la linea de lo éticamente correcto se desdibuja y da lugar a situaciones como esta.


En resumen, la compañía utilizaba un programa para detectar si el nivel de emisiones del vehículo estaba siendo evaluado. Si ese era el caso, el sistema cumplía los estándares; en caso contrario, la contaminación generada era 40 veces superior a la permitida por la legislación. Si, he dicho 40 veces más, hablamos de 4000%.

En el momento en que la mentira se descubre –en el que se exponen las realidades– ya no hay mucho por hacer: la imagen corporativa ha sido destruida. Da igual la renuncia del CEO o la multa de que pueda llegar a pagar, la confianza no tiene precio y se ha perdido. Seguramente Volkswagen no se llegue a recuperar.

Luego de este acontecimiento vienen algunas preguntas a mi cabeza. ¿Serán los únicos fabricantes que recurran a estas prácticas? ¿Cómo beneficia esto a la percepción de los usuarios para con el coche eléctrico? ¿Es la ética un pilar fundamental de las empresas en la actualidad? Dado el sistema, ¿se ha vuelto obsoleta?.

Usted, sabiendo lo que ha pasado, ¿compraría un vehículo de esta marca?

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